Opacidad cristalina III

Reanudemos
la marcha
en ascenso
bajada
dá.
Languideces en el rellano de los fornicadores
y catapultas
gusanos hechos larvas.
El ciclo comienza y no parece acabar. Sólo déjame enjugar esa gota de oro fino que resbala por el trapo
cuando ves que es lo único
que queda.

Resuelve fórmulas matemáticas: ceros
ceros
y ceros.
Gasta cuanta pluma veas de aquel árbol impreso en la pared.

Todo es falso.
No pongas tres dimensiones en el plano. Éste se las va a comer. Nacerá un punto que es la muerte de los tres ejes.
Déjate de equis, íes griegas y zetas. Rompe con el pasado
re
mi
fa
sol
(a)
con tu presencia, que dicta órdenes de abajo. El mundo del revés. Así es como debería ser.

Yo sólo quería consolarte, alejarte del ruido acogedor del silencio más sordo.
Un día, te lo prometo, subiré las escaleras y saldré por la puerta del portal;
me haré trenzas en los calcetines y me pintaré las puntas del pelo con esmalte color morado
re
mi
fa
sol
(a)
siempre que puedo. Sonreiré para mis adentros, maldiciendo en tu cara,
perra.

“H
o
sacra           res
m
(o)
/
i
n
i.”.

Ángeles sólo a ciegas en un infierno contextual
sacan tiempo de alguna parte
y parecen vomitar mi
fa
(tal)
sol
(a)
na
infantil.

Tengo que hacer tantas cosas…,
Y no hago más que sentarme en el sofá
sol
(a)
por fin.

 

M. L. F.

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