Opacidad cristalina II

Odio a los genios y a sus segmentaciones discursivas.
No los odio.
Los cancelo.

Es una parte de mi vida:
recorrer los paneles solares de la soledad imbuida en restos de mierda
salpicada de abismos
ancestrales.

Recojo la bruma de los soñadores y me duermo en sus tinieblas,
realizo paréntesis cansados,
puntos suspensivos seductores…,
raíces cuadradas que dan vértigo.

Basta una palabra
y todo desaparece.
El todo se come a la nada, pero la nada es infinita.
Reina el caos en nuestras gargantas. No sabemos qué decir ni qué explicar. De hecho, no hay nada qué decir ni qué explicar.

Ser, simplemente
-un abejorro:
la miel en tus labios,
quizá en lo míos…
Recorro cada parte de tu ser como si fuera el último día que te conozco.
Pasean miles de grullas
en el estanque de tus emociones.

Racionalizo cada escena sin pensar en ella;
veo borrones en todas partes
y macetas descoloridas.

Rozan tus huesos las heridas del pasado,
que se hace presente.
¡Y duele!,
como el futuro,
incierto,
arrancado de cuajo
de un renacuajo
consciente de que va a ser pisoteado
inmune al escarnio.

Reptando,
la serpiente
se esconde
bajo la piedra
esperando…
Tu muerte.
¡La suya!
Es mía.

Puntos naranjas en la colcha de mi mente
salen cosas
que no puedo comprender.
Me arrepiento de no poder hacer que las entendáis.

Sólo π
-enso
en mi corazón,
que pisotean los pájaros cada vez que no te ve.
Y te pienso a cada instante:
Recto
pavoroso
insufrible
candoroso.

M. L. F.

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3 comentarios en “Opacidad cristalina II

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